Inundan mis lodos.
Fuera respiran los infiernos.
Ven y enciende mi fuego,
por favor, te lo pido.
No importa cuantas veces
ya lo hayas apagado,
porque del aire caliente
al suelo derramado,
imagino tu hielo.
Inundan mis aguas.
Voces dos veces por debajo
que te dicen contra la pared:
"Vamos a hacerlo de nuevo"
pero no es lo mismo.
Dime a donde he de llegar,
porque te juro, llego.
Y a kilómetros te suplico:
"Ven y rómpeme otra vez"
Vamos a esperar,
aún con tanta la fiebre
nos los pedimos
y en el último instante a solas,
tú. No te espero.
Y se empañan los cristales,
aún dando agua tengo sed,
y porque no te tengo,
me dejas débil, pídeme morir.
Porque me inundas,
me llueve aquí
en las nieblas del verano,
en la tibieza de tus filos
y en los disparos que no,
no nos hemos podido dar.
Y me revuelvo
en los resto de mi saliva
que sin la tuya, es solo vaho.
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