Escribo pocos textos que no sean poemas al contrario que tú, y espero que
por ello, sepas perdonarme porque verdaderamente hablarte de mis sentimientos me es aún muy complicado.
Hoy ha sido un día especial. Creo que casi de los que más desde que te conozco y la especialidad radica en que hubiera sido un día cualquiera; un día cotidiano en el que madrugo, voy a clase, me aburro entre horas, atiendo a aquello que me es interesante, me agobio, río con los amigos en los descansos fuera al sol, vuelvo a casa con la cabeza pegada al cristal... Un día cualquiera. Pero no lo ha sido porque aún haciendo lo mismo que tantos días, hoy después de muchísimo tiempo pensé que no estaba solo. Y que a una hora más y a tantos kilómetros de mar y tierra que nos separan, a lo mejor tú también te sentías igual de acompañado al pensar en mí. E hice todo mí día a día con una sonrisa en la boca deseando que pudieras estar aquí para quitarme la sonrisa con un beso. Y aún haciéndolo no lograrías que desapareciera de mis labios.
En verdad me leo y me asusto. Me doy miedo ya no solo por lo rápido que he podido llegar a sentir sino porque aún sintiéndolo, no soy de los que lo dicen tan pronto. Y miedo también a ese vértigo del que hablabas y yo que a veces padezco de vértigo, creo que nunca me he asomado desde tanta altura. Este avión al que me subo cada vez que te imagino y me deja esa sensación en el estómago como en el momento justo de despegar, debe estar tan alto como el sol. Y me da miedo, pero cuando miro abajo, te veo, me ciegas y solo me dan ganas de saltar, me haga daño, me queme o nunca llegue al suelo y me quede para siempre en las nubes. Sea como fuere todo esto que siento, incluso el miedo, merece la pena y no estoy dispuesto a dar un paso atrás si tu saltas conmigo o me esperas abajo para agarrarme. Y si no, también porque ya tan solo estos días han sido un hermoso viaje.
Hoy ha sido un día especial. Creo que casi de los que más desde que te conozco y la especialidad radica en que hubiera sido un día cualquiera; un día cotidiano en el que madrugo, voy a clase, me aburro entre horas, atiendo a aquello que me es interesante, me agobio, río con los amigos en los descansos fuera al sol, vuelvo a casa con la cabeza pegada al cristal... Un día cualquiera. Pero no lo ha sido porque aún haciendo lo mismo que tantos días, hoy después de muchísimo tiempo pensé que no estaba solo. Y que a una hora más y a tantos kilómetros de mar y tierra que nos separan, a lo mejor tú también te sentías igual de acompañado al pensar en mí. E hice todo mí día a día con una sonrisa en la boca deseando que pudieras estar aquí para quitarme la sonrisa con un beso. Y aún haciéndolo no lograrías que desapareciera de mis labios.
En verdad me leo y me asusto. Me doy miedo ya no solo por lo rápido que he podido llegar a sentir sino porque aún sintiéndolo, no soy de los que lo dicen tan pronto. Y miedo también a ese vértigo del que hablabas y yo que a veces padezco de vértigo, creo que nunca me he asomado desde tanta altura. Este avión al que me subo cada vez que te imagino y me deja esa sensación en el estómago como en el momento justo de despegar, debe estar tan alto como el sol. Y me da miedo, pero cuando miro abajo, te veo, me ciegas y solo me dan ganas de saltar, me haga daño, me queme o nunca llegue al suelo y me quede para siempre en las nubes. Sea como fuere todo esto que siento, incluso el miedo, merece la pena y no estoy dispuesto a dar un paso atrás si tu saltas conmigo o me esperas abajo para agarrarme. Y si no, también porque ya tan solo estos días han sido un hermoso viaje.
Cincuenta y ocho días... Creo que al principio desee que pasarán rápido. Ahora, no me importa que pasen como pasen si los pasas, aunque lejos, cerca de
mí. Yo sumándole una hora a los segundos y tú restándosela :)
No hay comentarios:
Publicar un comentario